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Historia de Brasil


Los bandeirantes fueron
los colonizadores del interno
de Brasil El Brasil fué descubierto por el navegante portugués Pedro Alvares Cabral, que en Abril de 1500 llegó a Porto Seguro, al surd el actual Salvador (Bahía) y llam la nueva tierra como Isla de Vera Cruz. En base al tratado de Tordesillas (6 junio 1494), completado después con el de Zaragoza (1529), el nuevo territorio fue uficialmente inclu&aicute;do en la zona de expansión territorial de Portugal.

Brasil fue una colonia de Portugal de 1500 a 1822. La colonia, marcada por el monocultivo y por la esclavitud, dejó como legado un sistema político que se caracterizaba por las tradiciones del absolutismo, un sistema parcelario ampliamente concentrado y una larga experiencia de desigualdad social. La independencia del país en 1822, dirigida por una rama de la dinastía portuguesa, prolongaría aún durante casi un siglo, bajo el imperio, las características de esta herencia.

Al contrario de las demás naciones latinoamericanas, la independencia brasileña no se obtuvo a través de una guerra de liberación colonial conservando la la monarquía como forma de gobierno. Sede, desde 1815, del Reino Unido de Portugal, Algarves y Brasil, la independencia vino por medio de la ruptura del príncipe Don Pedro con Portugal, provocada por la amenaza de retorno a la condición de colonia pretendida por las Cortes de Lisboa tras la derrota de Napoleón y la liberación de Portugal.

Pedro I consolida el nuevo régimen con la Constitución de 1824, pero, incapaz de pacificar políticamente el país, es forzado a abdicar en 1831. Los términos de su abdicación, no obstante, mantenían la monarquía y los derechos de su hijo al trono brasileño. Entre 1831 y 1840, el país fue gobernado por una regencia civil, que se enfrentó con éxito a varias rebeliones. En 1840, sube al trono Don Pedro II, que, auxiliado por varios gobiernos de coalición, consolida el régimen monárquico en el país.

La prosperidad procedente de la exportación del café y la estabilidad política del país crean las condiciones para el largo reinado de Don Pedro II, que únicamente hizo tambalearse el proceso de abolición de la esclavitud iniciado en la década de los 80 del siglo XIX.

En 1889, se proclamó la República y se estableció un modelo constitucional semejante al de los Estados Unidos. Una diferencia importante, que permanece hasta hoy, fue que no se admitió la reelección de presidentes, gobernadores y alcaldes para mandatos consecutivos. El Estado unitario que había prevalecido durante la monarquía se transformó en federación, con las antiguas provincias (ahora llamadas estados) pasando a ejercer una influencia decisiva.

El régimen, asociado por las élites políticas al movimiento abolicionista, no fue defendido por éstas cuando un golpe militar de inspiración positivista lo derribó en 1889, inaugurando casi una década de inestabilidad y violencia políticas.

La federación brasileña era, ya en 1891, una antigua aspiración de las élites políticas como forma de ordenar y administrar la importante diversidad económica y regional. Establecida mediante la primera Constitución republicana según el modelo norteamericano, la federación, en la práctica, supuso una excesiva autonomía de los gobiernos de los estados, que rápidamente se consolidaron como oligarquías políticas. La disputa por los recursos federales se transformó, con el tiempo, en un conflicto entre estados, que no tenían ningún reparo en utilizar fuerzas federales momentáneamente bajo su control para deshacerse de sus enemigos en el control de otros estados. No obstante, este arreglo sólo se rompió cuando la discrepancia alcanzó los criterios para la ocupación de la Presidencia de la República. Una coalición de fuerzas estatales insatisfechas con el resultado de las elecciones presidenciales fue el principal agente de la Revolución de 1930, que suspendería, durante más de 15 años, las autonomías estatales.

El gobierno instaurado por la Revolución de 1930 fue responsable de la adopción en Brasil de las primeras formas de legislación social y de estímulo al desarrollo industrial. De los sindicatos brasileños a las grandes empresas estatales, todas las estructuras modernas del Estado y de la sociedad brasileña tienen su origen en las reformas de este periodo.

A partir de 1946, y hasta hoy, la federación brasileña es una aspiración político-institucional controvertida, teniendo siempre que enfrentarse a ciclos periódicos de concentración de atribuciones en la Presidencia de la República. La Constitución de 1988 minó las bases fiscales del centralismo brasileño, pero, desde el punto de vista político, es discutible el que la federación ya se haya fijado en un modelo estable.

El periodo "getulista" (re)centralizó fuertemente el poder a nivel nacional, con la consecuente ampliación y modernización de la burocracia civil y de las Fuerzas Armadas. Aunque desembocase en un régimen dictadorial, la Revolución de 1930 se inclinó inicialmente hacia reformas importantes para el futuro desarrollo de la democracia, como el Código Electoral de 1932, la creación de la Justicia Electoral y la extensión del derecho de voto a las mujeres. En este periodo, se dio también un importante impulso a la industrialización del país por medio de la substituición de importaciones. El fin de la Segunda Guerra Mundial y el consecuente descrédito de las dictaduras de derechas tuvo repercusiones internas, permitiendo el crecimiento de la oposición al Estado Novo y llevando a los militares a exigir la salida de Getúlio Vargas, lo que tuvo lugar en octubre de 1945. Inmediatemente, se realizaron elecciones libres para la presidencia, correspondiendo al Congreso Nacional la elaboración de una nueva Constitución.

El periodo entre 1945 y 1964 registró importantes avances en dirección hacia la democracia, que se expresó por medio de un sistema pluripartidista y de un sistema electoral proporcional. Los sindicatos también se multiplicaron y pasaron a ejercer influencia significativa en la vida del país, a pesar de las limitaciones legales resultantes del corporativismo establecido en el Estado Novo. Fue, sin embargo, un periodo políticamente inestable: los presidentes Eurico Dutra (1945-1950) y Juscelino Kubitschek (1955-1960) cumplieron normalmente sus mandatos, pero Getúlio Vargas (1950-1954) se suicidó en medio de una grave crisis político-militar y Jnio Quadros renunció en agosto de 1961, con sólo siete meses de mandato. Se dio también la dimisión de dos vicepresidentes: en noviembre de 1955, la de Café Filho, que asumió la presidencia en 1954, tras la muerte de Getúlio Vargas; y en marzo de 1964, la de Joo Goulart, que había sucedido a Jnio Quadros en 1961. Con la caída de Joo Goulard, se inició un periodo de 21 años en el que el gobierno estaría controlado directamente por los militares.

El régimen militar brasileño (1964-1985) se distinguió de las dictaduras tradicionales latinoamericanas por diversos aspectos relevantes, entre ellos, el hecho de no haberse dado una ruptura completa con las formas constitucionales preexistentes. Para evitar la personalización del poder, los presidentes militares establecieron mandatos fijos sin derecho a reelección. Aunque la designación de los mismos corriese a cargo del Alto Mando de las Fuerzas Armadas, formalmente esta elección tenía que ser ratificada por un Colegio Electoral.

Los partidos del periodo pre-1964 fueron eliminados en 1965, surgiendo en su lugar otros dos consentidos por el régimen militar: la Alianza Renovadora Nacional (Arena), para apoyar al gobierno, y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), que aglutinaba a las diferentes corrientes de oposición. Durante todo el periodo militar se realizaron elecciones razonablemente competitivas para el legislativo, en los tres niveles (federal, estatal y municipal), y para los gobiernos municipales, pero se impusieron restricciones más fuertes para la elección de los gobiernos estatales, de los alcaldes de las capitales y de algunos municipios considerados relevantes para la seguridad nacional.

La transición a la democracia en Brasil, formalmente concluida en 1985, puede describirse como un proceso de "apertura a través de elecciones". A partir de los pleitos legistativos de 1974, el MDB (oposición) pasó a contar con una parcela significativa del electorado, como muestra el gráfico. En 1979 el gobierno realizó una reforma de los partidos, restableciendo el pluripartidismo. Con todo, la división de la oposición en varias siglas no alteró la tendencia que ya se había configurado en las elecciones de los años 70: una "diarquía" inviable, representada, por un lado, por el control militar de la presidencia y, por otro, por la creciente presencia de la oposición en los gobiernos municipales y estatales, en el legislativo, en la prensa y en la mayoría de las organizaciones no gubernamentales relevantes para la legitimación del régimen. La etapa final de este proceso de transición fue la elección de Tancredo Neves, un líder moderado de la oposición, para la presidencia de la República.

Escogido por el Colegio Electoral en enero de 1985, Tancredo Neves fue hospitalizado el 14 de marzo del mismo año, víspera del día previsto para su toma de posesión, falleciendo 36 día después. Su vicepresidente y sucesor interino, José Sarney, fue así nombrado presidente constitucional.

También en el primer semestre de 1985, el Congreso Nacional revocó las restricciones de carácter ideológico que existían desde la Segunda Guerra Mundial a la formación y al funcionamiento parlamentario de partidos políticos considerados extremistas (en la práctica, los partidos comunistas). Se eligió un Congreso Constituyente en noviembre de 1986 y se promulgó una nueva Constitución el 5 de octubre de 1988. En noviembre de 1989 se realizaron las primeras elecciones presidenciales directas después de 29 años. La segunda vuelta la disputaron Fernando Collor de Mello y Luís Inácio Lula da Silva, este último ampliamente reconocido como el más importante líder sindical de la historia brasileña. El elegido, Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción, fue apartado del poder mediante el proceso constitucional de impeachment, en septiembre de 1992, siendo el cargo asumido por el vicepresidente Itamar Franco.

En abril de 1993 se convocó un plebiscito sobre la forma (República o Monarquía) y el sistema (presidencialismo o parlamentarismo) de gobierno. La mayoría de los electores votó por la permanencia de la república y del presidencialismo. Las elecciones presidenciales de 1994 se decidieron ya en la primera vuelta, constatándose la victoria del sociólogo y senador Fernando Henrique Cardoso, apoyado por una coalición de socialdemócratas (PSDB) y liberales (PFL), frente a Luís Ignácio Lula da Silva, apoyado por el PT (Partido de los Trabajadores) y por los demás partidos de izquierda. Con la aprobación, en 1997, de la enmienda constitucional que permite una reelección para la presidencia de la República, Fernando Henrique Cardoso venció nuevamente a Luis Inácio Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 1998, iniciando un nuevo mandato que se extiende hasta el primero de enero del 2002.

El siglo XXI comienza con grandes esperanzas, grandes problemas, grandes injusticias sociales. En el 2003 Lula es elegido presidente con el clamor del pueblo. Para el Brasil es el comienzo de una nueva era: la terminación del "apartheid" social. En Brasil, la elecci&aocute;n de Lula ha sido tomada como la terminación de una historia secular de apartheid y el comienzo de una nueva era. Apartheid no racial, en el país quizás m&mbre. El destino está lleno de eperanza para uno de los países más rico del mondo, cuya población continúa a vivir todavía por debajo de sus posibilidades.

Fuente: www.mre.gov.br/cdbrasil/itamaraty/web/port/band.htm