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Candido Portinari

Mestizo, 1934 Cândido Torquato Portinari (Brodowski, Brasil, 1903 - Rio de Janeiro, 1962) fue un pintor brasileño. Nació en una hacienda cafetalera en la ciudad de Brodowski, estado de São Paulo, el 29 de diciembre de 1903. Hijo de Giovan Portinari y Domenica Torquato, fue el segundo de doce hijos.

Portinari es ciertamente el pintor del modernismo brasileño más conocido en el extranjero, autor de los dos grandes paneles (uno sobre la guerra y otro sobre la paz) existentes en el edificio sede de las Naciones Unidas, en Nueva York (1957). A partir de la década de los cuarenta, se transformó en una especie de artista símbolo y artista de exportación de la nación brasileña. Realizó otros trabajos en Estados Unidos, incluso en la Biblioteca del Congreso, en Washington. Varios de sus lienzos pasaron a formar parte de colecciones particulares norteamericanas. Entre otras obras, Portinari es famoso por sus frescos Guerra y paz, que se encuentran en la sede de la ONU en Nueva York.

Indígena sentado, 1938De familia pobre, Portinari se impresionó desde pequeño por los pies de los labradores, a los cuales describía como "pies deformes, que pueden contar una historia, semejantes a los mapas con montes, valles, ríos y caminos". Estas imágenes marcarían su obra en la que contaría al mundo la realidad del trabajador del campo. A los quince años, Portinari ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Río de Janeiro, y vendió su primer cuadro (Un baile en el campo) a la edad de 18 años. Al año siguiente (1922) recibe su primer premio: la medalla de bronce del Salón de Bellas Artes.

Niña sentada, 1943Con el fruto de varios premios del Salón de Bellas Artes, Portinari viajó a Europa en 1929, y se establece en París después de recorrer España, Italia e Inglaterra. El choque con la efervescencia plástica de la Europa de los años 1930 define el rumbo que Portinari seguiría al volver a su país. Al llegar a Brasil, en 1931, lo hace casado con Maria Victoria Martinelli, con quien tuvo su único hijo, João Cândido.

Sin embargo, Portinari no perteneció a la primera generación modernista, ni comenzó como un artista moderno, propiamente dicho. El mismo año en que tenía lugar la Semana de Arte Moderno, en 1922, se le premiaba, siendo muy joven, en el Salón Nacional de Bellas Artes, reducto de tradicionalismo. En 1931, de vuelta a Brasil tras dos años en Europa, expuso en Rio de Janeiro las primeras obras que indicaban su necesidad de renovación, tanto temática como estilística. Recibió entonces la influencia de los muralistas mexicanos, que aparece en Café, uno de sus primeros grandes lienzos de contenido social. Era un hombre de izquierdas -perteneció al Partido Comunista- y un artista comprometido que consagró su obra a la denuncia de los males del país subdesarrollado que veía a su alrededor. Un poco influenciado también por las etapas más dramáticas de Picasso, realizó a mediados de los años cuarenta, obras excepcionales, como Niño Muerto y Entierro en la Red que tratan de los "retirantes". Son emigrantes de la región nordeste de Brasil que, asolados por la sequía, abandonan sus tierras en busca de mejores condiciones de vida sin exito, forman una vasta serie de obras del artista.

Kibutz, 1958 En 1935, su cuadro Café recibe mención honorífica en la Exposición Internacional de Arte Moderno del Instituto Carnegie, en Nueva York. Este hecho le abre la conquista de espacio en el continente y el mundo, la cual tendría un momento especial en 1940, cuando Portinari fue el primer artista sudamericano en tener una exposición individual en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, con la exposición Portinari of Brazil.

No hay dudas de que él, como otros pintores y artistas de Latinoamérica, recibió la influencia de las primeras vanguardias del siglo XX, o tomó de ellas lo que consideró útil a sus propósitos. Pero su concepción no se limitó al arte por el arte. “Mi arma es la pintura”, dijo, y la utilizó como lenguaje para expresar su postura ante la vida, las injusticias sociales y a favor de la paz. Así patentizó su creación y su militancia política.

Bandeirante, 1947 Al exhibir su obra en París, en 1946, René Huyghe, director del Museo del Louvre, confesó: “Considero a Portinari uno de los mayores pintores de nuestro tiempo. Su fuerza es enorme. La mañana que vi el conjunto de sus telas sentí tal emoción que quedé preso de una verdadera fatiga nerviosa”.

Niños jugando, 1960Huyghe se refería al impacto que le causaron sus series Retirantes (Emigrantes) y Niños de Brodowski, que retratan la niñez de su pueblo. Porque Portinari llevó a sus lienzos a los seres anónimos de su pueblo, tal como los veía en su propio mundo. Si su obra no logró cambiar el mundo en que vivían, queremos creer que los dignificó al darles una categoría humana universal, sin avergonzarse de que existieran, ni esconder esa realidad. “Eso es la verdad”, fue la respuesta de Portinari, cuando le preguntaron por qué su intención de pintar tanta desolación, sufrimiento y miseria.

¿Artista de dos mundos? Sin duda. Como prueba están los retratos de gráciles y etéreas mujeres hechos por encargo o inspirados en la delicada belleza de damas provenientes de las clases altas, seguramente de Buenos Aires, ciudad adonde llegó como exiliado en 1947, y donde presentó su primera exposición en Latinoamérica.

Entonces, su pintura ya era reconocida en el mundo. En 1935, su pieza Café recibió la segunda mención del Premio Carnegie, otorgado por el Instituto del mismo nombre en Pittsburg, Estados Unidos. Tres años después, el MOMA (Museum of Modern Art, de Nueva York) presentó una exposición personal, y fue invitado a pintar murales para la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en Washington. En 1941, la Universidad de Chicago publicó un libro sobre su vida y su obra.

Portinari colaboró también con obras aplicadas, como pinturas murales y paneles en azulejos, en algunos de los proyectos de la arquitectura moderna de Brasil. Entre ellos, el antiguo Ministerio de Educación, en Rio de Janeiro y la Iglesia de la Pampulha, de Oscar Niemeyer, en Belo Horizonte (1944/45). Y aunque no sea éste su género artístico más importante, realizó también grandes paneles de temas históricos.

En su país pintó los frescos Trabajo en la tierra brasileña. Su producción sacra alcanzó más de 300 obras, entre las que merecen destaque el altar para San Francisco, el baptisterio y la Vía Sacra de la Iglesia de Pampulha, en Minas Gerais. La coincidencia de haber trabajado en esta Iglesia junto a Oscar Niemeyer, le hizo víctima de la intolerancia del Arzobispo de Bello Horizonte, molesto por lo que calificó de “creación herética de dos comunistas”.

Recibió, entre otros honores, la Legión de Honor de Francia (1946), el Guggenheim´s National Award (1956), y la medalla al pintor del año 1955 por el International Fine Art Council. Fue miembro del Partido Comunista y activista político. A veces sufre el estigma, tal vez injusto, de ser considerado pintor "oficial" de la Revolución del 30 y del Estado Novo, períodos difíciles en la historia de Brasil. Portinari murió a consecuencia de intoxicación plúmbica, el 6 de febrero de 1962.

Fuente: www.nuestraamerica.info/leer.hlvs/4458", www.mre.gov.br/cdbrasil/itamaraty/web/espanhol/artecult/ artespla/artistas/candidop/apresent.htm y es.wikipedia.org/wiki/Candido_Portinari